An Ecological Arctic Town| Ralph Erskine (1959)

-Erskine fue invitado a exponer “Ecological Artic Town” en Otterlo en 1959.

-Su método de exponer el proyecto traicionó el interés en la ecología, que también era evidente en otros miembros del Team 10.

-Desde su llegada a Suecia había tomado interés en las implicaciones que supone un clima frío para la arquitectura.

-Esto se ejemplifico en el diseño de su propia casa en Lissma, construida en 1942.

-En 1958, Erskine llevo un proyecto de investigación de arquitectura y diseño urbano sobre la forma ideal para un poblado por encima del Circulo Artic.

-El proyecto parte de un estudio de las técnicas constructivas tradicionales de los Lapones y Esquimales.

-Erskine dibujo secciones con temperaturas asignadas a cada una, para mostrar como las propiedades aislantes de la nieve pueden ser usadas a su favor, y un mejor ratio de superficie a volumen conseguido usando formas esféricas.

-Tomados literalmente, las construcciones tradicionales no son fácilmente aplicables a grandes, y permanentes estructuras, pero Erskine pasó a utilizar algunos de estos principios en sus proyectos “Árticos” más tardíos.

-En la parte siguiente del estudio, Erskine investigó las circunstancias geográficas óptimas, escribiendo “Una Gramática Arquitectónica para Altas Latitudes”. Cabe destacar los siguientes puntos:

  • La localización de una ciudad ártica tenia que hallarse en una depresión geográfica  que ofreciese protección del viento del norte.
  • Los poblados han de ser construidos en las pendientes orientadas a sur para minimizar las sombras arrojadas entre casas por el sol de poca altura.
  • Un “Edificio Muro” ha de ser construido en el perímetro del poblado con casas de baja altura a sotavento.
  • Las fachadas norte han de ser principalmente ciegas con pocas ventanas, y sin embargo las fachadas a sur han de estar acristaladas ya que bajo el sol las ganancias son mayores que las pérdidas de calor.

-Finalmente, el proyecto de investigación incluye un estudio del elemento que optimiza la física de las construcciones. Entre otras cosas, lleva a un estudio de toldos y formas de tejados.

-Erskine también inventó una técnica para suspender los balcones de los aleros para prevenir puentes térmicos. (Más adelante, composiciones libres en las cuales los balcones y galerías eran suspendidos de la fachada, se convertirían en una de los principales sellos exteriores de la arquitectura de Erskine.)

-En Svappavaara, las ideas de Erskine para una ciudad ártica fueron parcialmente realizadas.

-En 1961 participó en una competición para hacer un plan para Svappavaara, un poblado minero para una nueva mina de cobre. En 1963 fue declarado ganador.

-Igual que en Artic Town, el poblado consistía de un muro geniculado en el lado norte que protege las casa de perfil más bajo del viento del norte.

-La planta baja del muro fue diseñada como un corredor acristalado que vincula todos los equipamientos públicos, unido con paseos cubiertos en algunas partes.

-Finalmente solo la parte del muro fue construida, con algunas cabañas eventuales. Aparte de un pequeño colegio, el resto de funciones públicas fueron omitidas. El resultado es que ahora una pared se encuentra sola en la nieve en vez de estar acogiendo una comunidad, como Erskine pretendía.

“Una Gramática Arquitectónica para Altas Latitudes”.

a)El Frío:  El frio exige que los nuevos edificios tengan un espacio envolvente y una superficie mínima. Bajo envoltura común deben reunirse muchas funciones diferentes para economizar calor y realizar tareas comunitarias si es oportuno. En invierno debe haber rutas de circulación alternativas, abiertas y cubiertas.

b)El período más cálido: Su breve duración despierta un intenso deseo de experimentar la libertad estival y de participar en actividades veraniegas durante pocas semanas en que es posible.

c)La Nieve:  Los problemas de acumulación necesitan de la formación aerodinámica de ciudades y edificios, de protecciones, de espacio para las maquinas, de la recogida y de zona de vertido, con controles de las nevadas y comprensión de la estética de la nieve

d)Terrenos Helados: En latitudes bajas, el terreno tiene un clima más regular que el aire y se lo debe utilizar para contribuir a proteger edificios. En latitudes elevadas, la inestabilidad termal de la capa del gelisuelo puede significar que es mejor levantar los edificios por encima del terreno

e)La Luz:  Los extremos de la luz estival y la oscuridad invernal provocan tensión psicológica. Es necesario, de noche, atenuar el constante sol de verano y excluir el frio en invierno mediante una ventana especial, como la que aparece en la ilustración. La iluminación exterior y el reflejo de la nieve reducen la continua oscuridad invernal. El ángulo bajo del sol influye en la forma de las ciudades y los edificios.

f)El Viento: El movimiento del aire frío produce intensas incomodidades y la protección contra el viento se vuelve fundamental. En cambio el movimiento del aire estival controlado dispersa los mosquitos. En el diseño de edificios aerodinámicos (por ejemplo de bordes redondeados) puede utilizarse el viento para despejar la nieve y no permitir que se amontone en lugares inconvenientes, por ejemplo en caminos o entradas. La estética de la nieve debe formar parte de la experiencia norteña.

g)Drenaje del Aire: En los climas muy fríos suele haber una relativa calma. El aire frío puede drenarse hasta zonas bajas y cavidades del terreno, o a poblaciones o edificios situados a bajo nivel, provocando grandes molestias. Debe evitarse el drenaje del aire frío, mediante el correcto emplazamiento y forma de los edificios sobre pendientes de cara al Sur y en solares donde el aire frío pueda drenarse hasta niveles aún más bajos.

h)Calor/ Radiación Solar: El calor solar siempre es un elemento positivo en la escena ártica, excepto durante el sol nocturno de verano, momento en el que puede ser indeseablemente caluroso y causar dificultades en caso de ventanas orientadas al Norte. Las encuestas y paredes de cara al Sur son una fuente de bienestar y una ventaja para la economía calórica; también proporcionan sombra de noche. La radiación solar también puede usarse como recurso energético.

i)La Fauna: El desierto presenta durante todo el año la posibilidad de cazar, pescar y realizar actividades al aire libre. En verano es necesario controlar la plaga de insectos mediante tejidos de malla y el estímulo del movimiento adecuado del aire.

j)La Vegetación:  En invierno yacen esqueletos estériles en la nieve; en verano todo es verde y en otoño, rojo. Las limitaciones botánicas y la sensibilidad de la zona han sido erróneamente interpretadas y se han realizado intentos mal orientados para mejorar, proteger y ofrecer un tratamiento formal a los jardines exteriores e interiores.

k)El Microclima: Como ya hemos señalado, los asentamientos deben emplazarse en las cuestas de cara al sur para aprovechar los rayos solares de ángulo bajo de primavera y otoño, y evitar el drenaje del aire frio a valles y hondonadas. Pero también deberían orientarse de cara a Sudeste, para atrapar la radiación de las primeras horas de la mañana, que suaviza el frío aire nocturno, y aprovechar el sol del Sudoeste para las actividades vespertinas. No debe olvidarse que los norteños disfrutan del sol de medianoche.

Aunque otros arquitectos e ingenieros han presentado algunos proyectos para construir una población ártica bajo una cúpula o un techo de membranas suspendido (y la conveniencia física de semejante pueblo podría ser enorme y posiblemente económica en su organización y conservación del calor), habría dificultades en los efectos sociales y psicológicos, ya que con toda facilidad podría convertirse en una ciudad institucional e introvertida. Probablemente el contacto con el paisaje exterior sería indirecto y enrarecido. Algunas estaciones norteñas donde ha vivido gente sin contacto con el mundo exterior han dado cuenta de una experiencia negativa y han sugerido que sería más viable una organización menos complicada.

Aunque el invierno ártico y subartico tiene muchas desventajas, el aire fresco de primavera, el sol brillante sobre la nieve y la aurora boreal son muy apreciados tanto por los norteños como por los sureños que gastan dinero en deportes invernales. En lugar de la ciudad de ciencia ficción bajo una cúpula, deberían crearse formas constructivas más sutiles, con caminos exteriores protegidos y abiertos al cielo, el sol y la caída de la nieve, combinados con un sistema de calles cubiertas, calefacciones, iluminadas por luz natural durante el mal tiempo, con un tercer sistema de circulación de rutas automovilísticas cubiertas, dentro de lo posible, para evitar la acumulación la nieve, quizás a lo largo de sótanos o en el lado norte de las estructuras. Además de los edificios-muro protectores ya mencionados, pueden plantarse cinturones de árboles y arbustos como protección contra el viento y la nieve.

j) El Aislamiento: Las condiciones extremas crean tensiones personales y sociales. Es fundamental la agrupación de viviendas, junto con la provisión de un alto nivel de equipamiento social y cultural. Las relaciones personales son sumamente importantes y con frecuencia difíciles. La comunidad debe ofrecer la posibilidad de contactos cálidos y de protección de la integridad personal, aunque suela ser dificultosa en la vida introspectiva de las comunidades pequeñas y frías. Las diferencias raciales, culturales y de clase agravan los problemas. Deben atraerse hacia el norte personas de diversas capacidades, para evitar el énfasis unilateral de las profesiones prácticas, característica normal de esos parajes.

INFORMACIÓN EXTRA:

En 1953, Erskine y el escultor Egon Moller-Neilsens, se presentaron al concurso de escultura sobre «el preso político desconocido», que era en sí una protesta ante la idea de un monumento convencional en relación con semejante tema. Adjunto a su proyecto, presentaron la siguiente declaración:

Una era pretérita y otras creencias levantaron su propio monumento, distante, inaccesible, visto desde abajo. Se trata de la era y de las creencias que concibieron al prisionero. Estamos convencidos de que cada uno de esos monumentos crea un nuevo 6 Obra escultórica presentada por dogma, un nuevo prisionero: un prisionero del pensamiento, de la fe en la autoridad, de Erskine y Moller-Neilsens para él la opresión. Nuestro deseo consiste en crear un auténtico monumento para la confianza concurso sobre «el preso político en la humanidad, para recordar el pasado mirando hacia el futuro, así como el preso desconocido» creía, miraba hacia adelante, para construir con el material del futuro —los hijos de la humanidad— su reiterada esperanza… y que es parte integrante de la escultura en la que aprenden el poder de la libertad, no la destructividad del odio. El ganador del concurso fue Reg Butler, con una gigantesca estructura de acero que incorporaba la figura del prisionero en lo alto. La obra de Erskine y Moller-Neilsens era un ruedo en forma de cuenco para juegos infantiles y actividades de adultos, entre los que se incluían espacios para esquiar, patinar, deslizarse, columpiarse y bailar, además de la posibilidad de celebrar debates, reuniones políticas y teatro de provocación. La escultura de este concurso ilustra en miniatura muchas de las actitudes de Erskine con respecto a nuestra época. Evidencia desagrado por la ostentación y la monumentalidad (e indudablemente por los edificios monumentales demostrativos del poder y la influencia de sus propietarios), y un amor por la humanidad que no es sentimental sino sensible. Pretendía que su escultura fuera usada y visitada no con respeto sino con alegría. La declaración de Erskine también involucra una discusión de las bases del organizador o de los clientes para un proyecto concreto ¿Lo que en verdad se requiere es lo que dicen que quieren? Y, a partir de esta pregunta, ¿el arquitecto está en condiciones de proporcionar lo que realmente cree que se requiere si los ocupantes en ciernes de un edificio no participan de su diseño?

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Erskine considera que la participación de los usuarios últimos de los edificios es una parte vital del servicio que el arquitecto puede prestar a la comunidad. Su arquitectura se basa en dos preceptos fundamentales: los edificios deben estar íntimamente relacionados con el clima y con la gente que los habitará y utilizará. Se suponía que estos dos preceptos también generarían la nueva arquitectura de los años veinte y treinta. La arquitectura moderna había de ser funcional en el sentido de que debía responder al cambiante estilo de vida y de trabajo del siglo XX, utilizando nuevos métodos de construcción y nuevos materiales. Erskine opina que estas intenciones quedaron sumergidas bajo las demandas de las organizaciones de clientes y de la industria de la construcción, bajo el formalismo y el esteticismo, bajo una nueva arquitectura «renacentista» que era demasiado formal, excesivamente intelectual y pomposa, y que no logró producir edificios íntimamente relacionados con las necesidades de la gente, con sus propias ideas y requerimientos incluidos en el proyecto, mediante la participación en la toma de decisión. Como él mismo señala, los arquitectos suelen venir de las clases medias y no pueden saber lo que realmente quieren o necesitan las demás. Si son comprensivos, pueden hacer conjeturas inteligentes, por supuesto, pero salvo que exista un diálogo entre el arquitecto y el usuario/cliente, el edifico resultante no será tan coherente como podría ser con respecto a las necesidades de sus ocupantes. Se ha discutido si el secreto de los organismos gubernamentales y privados, además de los profesionales, se ha de guardar o no. Las profesiones jurídicas y medidas, los notarios, los banqueros y otros profesionales, han sido investigados por comisiones oficiales y por el público en general, con una curiosidad crítica en cuanto a sus métodos y a la fijación de sus emolumentos. Su secreto profesional y sus jergas específicas pasaron a ser sospechosos.

Erskine afirma que la participación y la consulta pública, cuando son posibles, no necesariamente dan por resultado importantes cambios con res-pecto a las ideas del arquitecto sobre qué, cómo y dónde debe estar un edificio, en especial si su comprensión de las necesidades de los demás ha sido desarrollada con anterioridad, a través de la participación. El mero acto de la consulta —y posiblemente los cambios concomitantes— es un derecho de los futuros ocupantes a tener acceso a quienes diseñan el entorno en el cual vivirán. El intercambio de información será interesante para el arquitecto y para el usuario, y debería crear una atmósfera de compromiso que es positiva y al mismo tiempo dará a los futuros ocupantes una valiosa comprensión de las elecciones y las limitaciones incluidas en el proyecto, y de lo que los edificios pueden y no pueden hacer por ellos. En 1948, Erskine inició el diseño de la ampliación de un pequeño pueblo, Gástrike-Hammarby, a unos 160 km al norte de Estocolmo. Por vez primera recurrió a la participación, algo que desde ese momento se volvió fundamental en sus métodos de diseño. En este caso se trata de un poblado dependiente de una empresa, cuyos habitantes trabajan en la industria local de la pulpa. En 1948 se celebraron reuniones en las que se compartía café, se pasaban diapositivas, se veían dibujos y maquetas. Erskine y Rosenvold conversaron además con los pobladores para investigar todos los aspectos de sus necesidades antes de presentar sus propuestas, aunque en esta ocasión no había proyectos alternativos. Desde entonces, durante estos últimos treinta y cinco años, el pueblo ha estado en constante evolución y algunos diseños de Erskine esperan ser construidos. Es obvio que la participación de los habitantes desde el primer momento ha conducido al continuo y armónico desarrollo de Gástrike-Hammarby.

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El nuevo pueblo de Resolute Bay, en el Ártico canadiense, una aldea para esquimales y canadienses blancos, es un caso evidente en el que la participación ha demostrado ser esencial. Los problemas derivados del hecho de que dos tipos de canadienses viviesen juntos en un clima tan extremo plantearon fundamentales cuestiones de compatibilidad y tradición, que el arquitecto debía unir en una solución. Erskine ya conocía y había experimentado la construcción en el Ártico, aunque no en el caso de esquimales, además de que ignoraba la forma en que los canadienses blancos podían relacionarse con ellos, compartiendo el mismo ambiente. La primera decisión que debía tomarse era la elección del emplazamiento en el yermo Ártico. Visitaron seis solares, que evaluaron en una discusión abierta con esquimales y sureños; escogieron dos para realizar estudios climáticos, geológicos y de planificación; de común acuerdo decidieron cuál de estos dos era el mejor. Elaboraron seis estructuras de planes y las presentaron en forma de dibujos y maquetas sin que Erskine favoreciera ninguno en especial. Tanto los esquimales como los sureños rechazaron los planes que tendían a estimular la creación de enclaves esquimales y blancos, o de clases altas y bajas. Puesto que la comunidad tendría sus propios derechos y gobierno municipal, se prestó especial atención al logro de un razonable equilibrio de intereses y poderes entre los dos grupos étnicos donde los esquimales eran los habitantes más permanentes, pero los euro canadienses serían mayoría y también tendrían más experiencia en la administración y en la organización. Pese a la política de integración, existía la posibilidad de que formaran un grupo de presión pode-roso en favor de sus propios intereses. Durante el proceso de participación resolvieron que los esquimales de la aldea existente fueran los primeros en trasladarse al nuevo emplazamiento, estableciendo así derechos de primeros pobladores. Se realizó el traslado. Los esquimales, los maestros sureños y otros que ya vivían en el pueblo, escogieron los lugares de su preferencia y después de prolongadas discusiones seleccionaron pequeños grupos de casas dispersas dentro de los límites del distrito municipal, lo cual permite la asociación vecinal entre viejos amigos, además de la posibilidad de contacto con las casas y apartamentos donde vivirán los euro canadienses. Erskine abrigaba la esperanza de que esta disposición promoviera la integración, al mismo tiempo que daba lugar al mantenimiento positivo de pautas culturales diferentes. Todos los esquimales eligieron casas unifamiliares, lo que es natural si se tiene en cuenta que suelen ser familias numerosas y que no son, por tradición, habitantes urbanos. Al evaluar la tarea de participación en Resolute Bay, Erskine, señaló:

Como antes en Gran Bretaña y en Suecia, he observado que la participación y las discusiones sirven a diversos fines. En primer lugar, aportan al planificador y a los habitantes información sobre necesidades y preferencias, lo cual es especialmente importante en situaciones en que están implicadas diversas culturas y el arquitecto sólo pertenece a una o es ajeno a ambas. En segundo lugar, es vital para el éxito del proyecto que el mayor número posible de habitantes comparta de buena gana y a sabiendas la responsabilidad de la creación y por ende de las consecuencias de los planes. En tercer lugar, es muy importante el aspecto pedagógico de dicho ejercicio, sobre todo con los menos privilegiados, que necesitan ejercitarse en el proceso del pensamiento abstracto, del análisis, de la resolución de problemas y de la toma de decisiones si es que han de liberarse de su desventajosa situación y convertirse en ciudadanos auténticamente valiosos y valorizados, capaces de hacer contribuciones eficaces a una sociedad moderna, conquistando así el respeto por sí mismos. Por otro lado, hay muchos casos en que los futuros ocupantes no son identificables. Por ejemplo, en Eaglestone —en la nueva ciudad británica de Milton Keynes— y en Studlands Park —Newmarket, en Cambridgeshire— no era posible consultar a los futuros ocupantes. No obstante, después que se ocuparon las viviendas de las primeras etapas, en Newmarket se llevó a cabo una encuesta con el propósito de evaluar las reacciones de los usuarios, a las que se prestó especial atención en el diseño de las etapas posteriores. En Suecia, en situaciones similares, Erskine trabaja con grupos de referencia «escogidos estadísticamente». En Byker —Newcastle sobre el Tyne— la participación ha ido más lejos, ya que este gran proyecto de viviendas, casi un término municipal, es la reconstrucción de un barrio bajo existente y por lo tanto relativo a la redistribución de gente que ya habitaba la zona. Erskine había ganado un concurso para levantar viviendas en Killingworth, cerca de Newcastle sobre el Tyne, lo que llevó a la comisión de Byker a proponerle el diseño de tres mil viviendas y otros edificios. Después de hablar con los políticos y con los funcionarios, Erskine solicitó un mes de tiempo para pensarlo, discutirlo con los habitantes del lugar y estudiar las condiciones específicas de Byker. Su hija Jane y Ame Nilsson, ambas del estudio de Drottningholm, vivieron en la zona durante el mes que Erskine redactó y adaptó un programa alternativo que, entre otras cuestiones, incluía la creación de un estudio en el cual celebrar todas las reuniones para no hacerlo en el ayuntamiento del centro de Newcastle, el mantenimiento de ciertos  edificios destinados a la demolición, pero que los habitantes querían conservar, y métodos tales como la demolición «rodante» en pequeña escala del viejo Byker, con el propósito de mantener las relaciones y lealtades locales y vecinales. También figuraba la mayor participación posible de los ocupantes definitivos. Erskine descubrió que los habitantes de Byker experimentaban una enorme fidelidad con la zona, pero rechazaban la vieja estructura de asociaciones desagradables. En consecuencia, se abandonó el plan inicial de mantener gran parte de la disposición de las calles y los edificios, y a partir de esta modificación se redujo el número de pisos propuestos por el Ayuntamiento, para construir más casas en hilera, sobre la soleada ladera sur. La decisión de abrir un estudio en el lugar fue realmente imaginativa.

La mayoría de los arquitectos consideraba esencial que existiera cierta distancia entre su taller de trabajo y el emplazamiento, pero Erskine se apresuró a instalarse en una empresa funeraria desocupada. Así, los habitantes vieron trabajar a sus arquitectos en los tableros de dibujo, diseñar la siguiente etapa de urbanización (cuya conclusión está programada para 1982-1983) y tuvieron la oportunidad, que aprovecharon, de presentar quejas y plantear preguntas. Programaron asimismo más reuniones formales, que solían iniciarse con gruñidos antes de poder pasar a discutir ideas más abstractas concernientes a la futura urbanización. Erskine descubrió que en Byker le llevó más tiempo lograrlo. Los habitantes del lugar no estaban acostumbrados a que se les consultara, mientras en Suecia la gente suele ser más receptiva a las ideas generales de planificación y urbanización. Así como en el diseño de una casa para una familia deben participar en la discusión los padres, los hijos y quizá los parientes y vecinos, en el diseño de proyectos más vastos deben participar un amplio espectro de personas. Por ejemplo en Mársta (Suecia), la zona necesitaba ser reestructurada a partir de la decisión de construir el nuevo aeropuerto de Estocolmo en Arlanda. En 1968, Erskine preparó un plan zonal —un bosquejo— para explorar las necesidades potenciales de la zona y del emplazamiento. En el proyecto titulado «Mársta 70», el arquitecto urbanista Johannes Olivergren propuso un plan de participación y diseño paralelo con cuatro arquitectos (uno de los cuales era Erskine) que tomaran a su cargo cuatro áreas distintas de Mársta e intercambiaran ideas con los habitantes para producir un plan global. Christopher Alexander asesoraba desde Estados Unidos. Se pagó una mínima cifra a los participantes del público, contactando a una muestra azarosa de la población para que participara en las reuniones. Cada uno de los cuatro grupos recibió una cantidad de dinero para la mejora de detalles en sus respectivas áreas, por ejemplo en plantas, espacios para juegos e iluminación. En la primera reunión con su grupo, Erskine llevó hojas de papel en las que sólo aparecía un perfil geográfico de la zona y produjo ideas de diseño en conjunto con su grupo de habitantes. Los arquitectos de los cuatro grupos intercambiaron informaciones e ideas; aunque el esquema de Erskine de 1968 fue el punto de partida, el plan se desarrolló como una serie lineal de pueblos comunicados por medio de una carretera en el lado norte de la ensenada. En 1977 el concurso preliminar de diseño se había convertido en un sólido programa de ejecución. Los concursos paralelos, comunes en Suecia, constituyen otro ejemplo de participación. Cuando no es posible encontrar a quienes ocuparán las viviendas o trabajarán en la industria o en las oficinas que se planifican o diseñan, Erskine apela a métodos de encuestas sociológicas con el propósito de formar grupos representativos, que reflejen las actitudes y necesidades de los futuros usuarios. Esta técnica se ha utilizado en muchos proyectos y aunque los resultados varían se considera un método útil, pese a no ser tan satisfactorio como la participación directa. Erskine insiste en que su estudio prepara auténticos planes alternativos para que los participantes cuenten con verdaderas opciones y tengan la posibilidad de expresar sus opiniones. Después de considerar estas opiniones, Erskine tiene derecho —lo mismo que los participantes—a evaluar y detectar las prioridades, y defenderlas para que influyan en la decisión definitiva. Erskine disfruta con este método de trabajo, sobre todo si el plan de su estudio se desarrolla positivamente en forma inesperada con posterioridad a la participación. La defensa a rajatabla del proceso de participación por parte de Erskine y el desarrollo que hizo del mismo surgen de dos factores fundamentales: su traslado a Suecia y su educación cuáquera. Al instalarse en un país extranjero era esencial, obviamente, que descubriera cómo funcionaba, cómo estaba organizado, su historia política y social, sus costumbres, su forma de desarrollo y las múltiples diferencias con su país de origen, que debería asimilar a fin de estar en condiciones de diseñar edificios adecuados para los suecos en su propio clima. Tendría que elaborar estas cuestiones con mayor profundidad que un arquitecto nacido y educado en el país. De esta forma desarrolló un proceso de investigación y discusión apto para cualquier proyecto de edificación en el país o en el exterior. Como dice Erskine, «los expertos comprometidos en la planificación tienen que comprender que los habitantes también son expertos en su propia situación, necesidades y aspiraciones». La creencia cuáquera de que «en cada hombre hay algo de Dios» y de que debe haber «unidad en lo esencial, libertad en lo no esencial y caridad en todas las cosas», además de que «la experiencia espiritual, para ser real, debe expresarse en pensamientos, acciones y sentimientos ordinarios», ofrece una base para el proceso de participación. Evidentemente, la tradición cuáquera de celebrar reuniones en lugar de oficios, es fundamental para el tipo de reunión de participación que promueve Erskine, en la que el arquitecto no pontifica desde las alturas, sino que está involucrado en la discusión al mismo nivel que los demás participantes, para tratar de alcanzar una conclusión unificadora sobre los factores esenciales que deben influir en el diseño del proyecto.

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Prioridades arquitectónicas. En 1976, después de enviar un escrito en el que apuntaba sus conceptos e ideales a un grupo semioficial de arquitectos sudafricanos comprometidos, para decidir si su perspectiva general podía conducir a un debate provechoso, Erskine viajó a Sudáfrica con el propósito de participar en una conferencia sobre viviendas para los desposeídos, en especial los bantúes y la gente de color. Durante su permanencia encontró muchas características admirables en las aldeas bantúes.

La organización social tal como se reflejaba en la estructura aldeana tradicional y en los edificios para trabajo y descanso, para el contacto comunitario y la privacidad, para la interacción entre grupos de diversas edades y diferentes actividades, era una sutil malla con una riqueza que hace que nuestros planes comunitarios parezcan simplistas. En un sentido ecológico, los edificios eran excelentes. Bien sombreados, aireados y ventilados, económicamente construidos con ladrillos secados al sol, enlucidos con barro y techados con paja, de coste muy reducido; sólo necesitaban de recursos sencillos y no utilizaban ningún tipo de energía para refrigeración y calefacción. Tanto interior como exteriormente estaban decorados con gran sentido artístico, utilizando una combinación de colores y motivos modernos y tradicionales. Me refiero a una arquitectura de gran color y calidad de la que los arquitectos tenemos mucho que aprender. En comparación con estos pueblos bantúes, los exclusivos barrios para blancos, con su aire acondicionado y sus piscinas, se veían primitivos y propicios al egocentrismo y el aislamiento; apelan a una tecnología de despilfarro y a una planificación social y psicológica extremadamente simplista. Esta cita ha sido extraída de un artículo titulado «Instrumentos de cambio», en el que se seleccionan cuatro factores como importantes agentes que modificarán radicalmente el rostro de la arquitectura moderna: la participación democrática en los procesos de toma de decisión, el reconocimiento de los derechos de las minorías —por ejemplo los subnormales—, la economía en el uso de la energía y de otros recursos. En dicho artículo el autor recurre a la aldea bantú a modo de ilustración y abriga la esperanza de el desarrollo de una arquitectura que encuentre poesía en el uso económico de los recursos y que ofrezca la cantidad necesaria de edificios en las comunidades modernas, y de una arquitectura del pueblo y para el pueblo, conformada por aquellos usuarios que estén preparados para el nivel de implicación necesaria. Así podría recuperarse en parte la maestría lograda en la creación de un entorno económico, significativo y atrayente, como la que observamos cuando visitarnos las antiguas aldeas y pueblos europeos.

En otro artículo —«La arquitectura: gestos extravagantes o arte útil»—, escrito después de dictar una serie de conferencias en la Escuela Bartlett y en la Architectural Association de Londres, Erskine desarrolla con más detalle el mismo tema:

La arquitectura surge a medida que los seres humanos modifican el paisaje, erigen edificios y ciudades, construyen caminos, puentes, muebles y otros instrumentos para satisfacer sus propias exigencias. La encontramos en todas partes, ejerce una influencia vital en nuestras vidas y es una importante expresión de nuestra cultura. Se trata del arte de equipar a las comunidades y esto es así tanto si hay arquitectos implicados en el proceso como si no los hay. No debemos olvidar que la arquitectura difiere de las demás artes mayores por ser Brukskonst (el arte de «lo que es útil»), pero al igual que éstas, sus símbolos y su poesía expresan las prioridades de la cultura y la evaluación de las necesidades del pueblo. En consecuencia, existen responsabilidades excepcionales de todos los que participan en la edificación de nuestro entorno, quienes deben reflexionar con la mayor seriedad en cuáles deben ser los objetivos más importantes de nuestra época. Así, puede ser inquietante observar que en una era que profesa una profunda fe en la igualdad de los derechos humanos y en la democracia, en una era en que los científicos, los escritores y los medios de comunicación nos informan sobre las acuciantes necesidades de la mayoría de los pueblos del mundo, se gasten considerables recursos en prestigiosas oficinas, edificios municipales, iglesias, museos y otros edificios excepcionales, y que pueda descubrirse tan ínfima dosis de calidad humana y de excepción en las innumerables viviendas, lugares de trabajo y otras estructuras que deben servir a las necesidades reales de una vasta mayoría de los seres humanos.

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A partir de estas citas comprendemos que Erskine crea apasionadamente en la justicia social, en el justo despliegue de los recursos constructivos, en el rechazo de lo pomposo y lo monumental, pero también en el sutil equilibrio de las estructuras tipo y la planificación de la edificación que constituyen una comunidad próspera o un logrado edificio funcional. Con esta actitud como fundamento de trabajo de su estudio, el otro factor determinante en el diseño de los edificios de Erskine es su relación con el clima en el que se construyen. Al trasladarse a Suecia y vivir al principio en la casa que construyó en el bosque, Erskine se vio enfrentado al violento invierno báltico y a las cualidades específicas que deben tener los edificios en semejantes latitudes. El intenso frío, las breves horas de luz natural y los problemas derivados del amontonamiento de la nieve exigían una rápida evaluación del impacto de estos factores en el diseño de un edificio. Naturalmente, Erskine tuvo la posibilidad de estudiar los edificios vernáculos, pero como recién llegado del comparativamente benigno clima británico, vio la necesidad de introducir relevantes innovaciones para los edificios del siglo XX, con el propósito de resolver estas dificultades de nuevas formas. Más adelante nos ocupa-remos de los factores específicos que dominan la arquitectura en el Polo Norte y de los similares que influyen en la construcción en climas calurosos. El especial interés que Erskine pone en la forma en que funcionan los edificios en su clima específico —y no sólo en la latitud Norte— nutre todos sus diseños.

Examina las cuestiones de orientación, la protección contra los vientos imperantes lo el sonido) os rayos solares, la ventilación, el paso del frío de los elementos exteriores al interior y el vertido de la nieve, para determinar sus características específicas y la forma en que pueden expresarse arquitectónicamente. Las soluciones suelen ser poco convencionales, ingeniosas e imaginativas, pero siempre pertinentes con respecto a los requisitos físicos. Aún queda mucha vida en el viejo aforismo del Movimiento Moderno según el cual «la forma deriva de la función» y gran parte del diseño de Erskine se deriva de la búsqueda de formas específicas adecuadas a la función del edificio. Las fábricas de Gástrike-Hammarby y de Fors, cerca de Avesta (Suecia) deben sus techos y formas a los requerimientos de la industria de la pulpa de madera en cuanto a ventilación y secado. Las poblaciones de Svappavaara (Suecia), Resolute Bay (Canadá) y Byker (Inglaterra) cuentan con muros que rodean sus perímetros norte, los que desempeñan la función de proteger contra los vientos norteños y como refugio del lado soleado y, en el caso de Byker, contra el ruido de la carretera y del ferrocarril. En la propia casa de Erskine, su tejado en pendiente aparentemente convencional es semejante a un paraguas abierto a los costados y los extremos, que protege las unidades de hormigón prefabricado del verdadero techo, contra la lluvia y la nieve, evitando al mismo tiempo los peligros de la nieve derretida y los carámbanos, aislando a la nieve del calor de la estructura. El mismo sistema de cubierta aparece en Nya Bruket (Suecia) y en otros proyectos de viviendas. Para aprovechar al máximo las horas de luz diurna en Suecia, Erskine suele introducir claraboyas en sus edificios, no sólo como perforaciones del techo, sino con un reflector de luz montado encima del mismo para desviar los rayos del sol bajo hacia el centro del edificio. Una versión anterior de esta idea fue aplicada en la Villa Stróm (Stocksund, 1961), pero a menudo aparece en proyectos posteriores, concretamente en el diseño de las oficinas para el ayuntamiento de Tibro (Suecia), en Resolute Bay y en el centro de estudiantes de la Universidad de Frescati, en Estocolmo.

Con el propósito de superar la dificultad de construir balcones en latitudes septentrionales, donde si son voladizos desde el bloque del suelo de hormigón forman un «puente de frío», con lo que las temperaturas inferiores a cero del balcón penetrarían en el interior, Erskine ideó un método —utilizado con anterioridad en 1954, en su vivienda de Váxjó— de suspensión de los balcones mediante cables de acero que partían de caballetes montados en la cubierta, lo que ofrece una conexión mínima entre balcón y edificio. Erskine utilizó balcones semejantes a los de Váxjó en los proyectos de viviendas de Sandviken, y concibió una idea estructural similar para la galería de acceso a Ciare Hall, en Cambridge. Pero los reglamentos de construcción británicos exigían que los cables estuvieran protegidos contra incendios mediante envolturas de hormigón. Aunque a Erskine le disgusta que su arquitectura sea descrita como orgánica, sus edificios suelen tener el aspecto de algún tipo de organismo, con antenas, cavidades, conductos respiratorios, canales tubulares y otras características animales. Hasta cierto punto contienen un parecido superficial con la obra de algunos discípulos de Rudolf Steiner (por cierto, en Suecia Erskine envió a sus hijos a una escuela Rudolf Steiner, especialmente escogida por el entusiasmo del personal y la atmósfera general). La asimetría de muchos de los diseños, la irregularidad de los techos y la manipulación idiosincrática de formas constructivas particulares muestran cierta similitud. Pero Erskine niega terminantemente cualquier vínculo estrecho con la arquitectura y la filosofía arquitectónica de Steiner. La suya es de índole pragmática y humanitaria: desconfía del exceso de misticismo.

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Vivienda y comunidades: ideas en la práctica La mayor parte de la obra de Erskine ha estado dedicada al diseño de viviendas y el interés que ha despertado internacionalmente emana de su maestría en esta esfera de la actividad arquitectónica. Su obra se funda en la convicción, ya señalada, de que el arquitecto debe mezclarse con los futuros ocupantes mediante un proceso de participación e intercambio de información a fin de reducir la distancia entre aquél y la gente para la que diseña, proporcionando así una arquitectura más coherente. Erskine escribió un artículo en el que destaca «algunas de las cualidades básicas esenciales de una zona vital, en las que nos esforzamos por encontrar el fundamento de la mayor parte de nuestra obra». Como de costumbre, se concentra en lo primordial y menciona: La enorme importancia del contacto natural, desde la primera infancia, con un grupo más amplio que la familia; en nuestros días lo normal es la familia aislada… El aislamiento conduce a dificultades de comunicación, con el temor y la agresividad como actitudes predominantes, lo cual es evidente sobre todo en las grandes ciudades. El «ser social» se desarrolla si tiene la posibilidad de vivir desde los primeros años en un grupo social abarcador, una sociedad que no esté dividida por grupos de edades, por ejemplo los niños o los ancianos reunidos únicamente entre sí.

Los centros comunitarios bien equipados, con celadores para cada grupo de veinte a cincuenta familias, pueden justificarse financieramente mediante ahorros en una cuenta de rehabilitación social a cargo de las autoridades locales. «En muchas sociedades, más de la mitad de los que viven en un distrito de viviendas, son personas relativamente estacionarias.» Los niños pequeños, algunas amas de casa, los ancianos o los disminuidos pasan allí prácticamente las veinticuatro horas del día. Erskine considera que un distrito en el que sólo hay viviendas no es más que un «organismo incompleto» y que debería contar con escuelas, tiendas, lugares de trabajo, centros comunitarios y espacios al aire libre para convertirse en una «zona vital». La tranquilidad diurna y nocturna es una cualidad ambiental positiva y se logra principalmente mediante la segregación del tráfico rodado. Al mismo tiempo se reducen los accidentes en la zona vital, lo que da lugar a terrenos de juegos seguros y estimula la interacción social y en intercambio pasivo o activo, en el entorno peatonal. El aparcamiento de coches en patios del perímetro conlleva algunas desventajas, ya que los propietarios de los vehículos no pueden vigilarlos, además de que pese a la planificación de «puntos de distribución» dentro de una zona, la gente tiene que acarrear cierta distancia lo que compra, desde el sitio donde deja el coche hasta la puerta de su casa. Las personas disminuidas tienen derechos especiales y fácil acceso a cualquiera de las casas. En un sentido general se considera que los aspectos positivos de esta planificación superan a los negativos.

El contacto en el portal crea actividad junto a las corrientes peatonales principales, firmes líneas sociales con cualidades urbanas, que quedan compensadas mediante tranquilos interiores semiprivados en los grupos de casas… Dentro de lo posible se protegerá la intimidad individual en los jardines y en la casa… La estructura física debe proporcionar experiencia social, contribuir a la orientación e identificar «el lugar» y «la comunidad». Idealmente, las áreas de vivienda están subdivididas en «grupos de charla» reconocibles, de treinta a cincuenta viviendas alrededor de calles peatonales y plazas, con aparcamientos, salas comunales, espacios para juegos y otros requisitos eminente-mente funcionales.

Con el propósito de alcanzar estas cualidades básicas en el diseño de zonas vitales, constantemente Erskine trata de escapar a las configuraciones compuestas por viviendas con muy pocas instalaciones accesorias. Su experiencia urbanizadora y su filosofía arquitectónica determinan que estos proyectos sean concebidos como pueblos o distritos municipales, con todas las instalaciones —incluyendo lugares de trabajo e industria liviana— que sea posible extraer a las autoridades locales. En muchos proyectos, Erskine ha ido más allá de las bases originales del cliente, ampliando el primer concepto del Plan, incluso trasladándolo del terreno previsto a otro más propicio para la provisión de instalaciones complementarias. En el caso del proyecto de Ekeró Málarstad (Suecia), ganó un concurso para un nuevo centro comercial en el pueblo en expansión, pero luego sugirió que el emplazamiento se desplazara, hacia ambos márgenes de un canal que divide dos islas. El proyecto quedó así convertido en una población lacustre completamente equipada y socialmente integrada, con la atracción adicional de barcas de recreo y su concomitante necesidad de instalaciones para las embarcaciones y un restaurante, lo que animó toda la escena. En Byker (Inglaterra), el proyecto requiere tiendas, escuelas, un centro sanitario y bares. Aún quedan varios edificios del antiguo Byker —por ejemplo iglesias—, lo que contribuye a relacionar lo nuevo con lo viejo, pero Erskine ha añadido muchas salas de entretenimiento y talleres dispersos, no agrupados por separado. En Nya Bruket (Suecia), el plan cuenta con una serie regular de viviendas con patio, cada una con su propia lavandería y sala de reuniones como edificios separados en el patio, equivalente moderno de la antigua bomba aldeana y su función social. También hay un club social y deportivo, vinculado tanto con el centro juvenil como con el de ancianos. En las cercanías (Barbera-ren, Sandviken), la vivienda queda integrada con tiendas, dispensarios, oficinas e instalaciones sociales. No obstante, su planificación de proyectos de viviendas muestra un fuerte trasfondo geométrico detrás de la evidente informalidad sobre el terreno. Los grupos de casas, a menudo sobre una red rectangular apropiada para casas con patio, están situadas en el solar en ángulos, digamos, con una terraza recta, de modo que aparece un espacio al aire libre en forma de cuña, que suele ser un pequeño parque aunque también conduce al peatón hacia el centro o el subcentral social de la zona. Los espacios entre edificios suelen conducir —o sugerir— al siguiente espacio y rara vez se trata de superficies formales aunque se utilizan para que los niños jueguen, para sentarse y descansar o para cultivar plantas. Erskine siempre da algún uso a los espacios sobrantes en lugar de permitir que sean formalmente ajardinados con césped, cercados y otros paisajes «cívicos» tradicionales, que suelen estropearse o que no pueden mantenerse a un nivel adecuado. Por cierto, la plantación inicial de los proyectos de Byker iniciada por las autoridades prosperó tanto que fue necesario podada, en una zona donde prácticamente no crecía nada y cuyos habitantes tenían muy pocas nociones sobre el cuidado de las plantas.

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La arquitectura en climas fríos. Al pasar de los inviernos relativamente benignos de Inglaterra respecto al clima más riguroso de Suecia, Erskine tomó conciencia de los problemas del diseño de edificios en climas fríos. Mediados los años cincuenta bosquejó algunos de sus conceptos de ciudad ideal en el Ártico y en 1958 presentó el dibujo de un proyecto urbano en el Polo Norte, que a primera vista evidenciaba sus características fundamentales. Emplazado en una cuesta orientada al Sur, está cerrado al Este, Oeste y Norte por una construcción continua con unas pocas ventanas en la fachada exterior, como una ciudad medieval amurallada, que en nuestros días intenta repeler la invasión de los vientos y las ventiscas del Artico. Al amparo del recinto soleado se dispersan las casas y algunas instalaciones comunitarias. Más adelante Erskine escribió que «a causa de su aislamiento, en el norte las casas tendrían que ser más atractivas y pronunciadas que sus equivalentes del sur. Deberían reunirse en racimo para crear un entorno huma-no en el desierto». En 1959 Erskine fue invitado al Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) para exponer dibujos que ilustraran sus ideas sobre la edificación en el Artico y el Subártico. Los CIAM fueron fundados en 1928 por W. Gropius, Le Corbusier y J.J.P. Oud como foro para el intercambio de nuevas ideas sobre arquitectura y urbanismo, pero después de la interrupción provocada por la guerra perdieron parte de su impulso. Sin embargo, en 1956 se reavivaron mediante la formación del Team 10, cuyos miembros invitaron a Erskine a la reunión de 1959 celebrada en Otterlo, Holanda. De estos estudios Erskine logró extraer el diseño de dos proyectos de viviendas por encima del Círculo Polar Ártico sueco, en Kiruna y Svappavaara. Estas poblaciones sirven a la industria excavadora de mineral de hierro dirigida por la empresa L.K.A.B., de propiedad estatal. A principio de los años sesenta la empresa decidió expandir sus actividades en Kiruna y abrir una nueva mina en Svappavaara. Erskine había estado preparando varios planes para la reurbani-zación del centro de Kiruna, hasta que finalmente diseñó el proyecto de viviendas Ortdrivaren. En 1961 se prepararon los dibujos para la urbanización de Svappavaara, que concluyó en 1964. Comprendía principalmente el primer edificio-muro de Erskine que se construyó, una larga terraza sinuosa en el lado norte de la ciudad, destinado a servir de abrigo tanto a ésta como a las viviendas más bajas, al frente de la misma. Otros proyectos del Círculo Polar Ártico o sus cercanías en Suecia, incluyen el centro comercial de Luleá (1954), el hotel de esquí en Borgafjáll (1950) y la población de Resolute Bay, en los territorios noroeste de Canadá, que se encuentra a una latitud Norte de 74c. Lamentablemente, este último proyecto sólo se construyó en parte. (Vale la pena tener en cuenta que incluso en el extremo más austral de Suecia la latitud Norte es de 56′, lo mismo que en Moscú, Edimburgo y Hudson Bay, en Canadá.) Pero ¿qué ocurre con los habitantes de estas regiones árticas? Erskine señala que los esquimales y los lapones tienen una cultura estupendamente adaptada a la vida nómada, característica que degenera y se pierde cuando los nativos sienten la fascinación de los estilos de vida de las ciudades sureñas. Tampoco el sureño que se traslada a la región considera muy útiles estas culturas nómadas, salvo para la caza y las actividades deportivas. Erskine comprendió que una de las características del norteño no indígena consiste en que «es consciente de vivir fuera del límite de los acontecimientos de la época, lejos de los centros metropolitanos donde se crean las modas y la cultura». Lo mismo que su mujer y sus hijos, anhela pertenecer al escenario de dichos acontecimientos. Desconfía de su aislamiento cultural. Los esquimales y los lapones tienen grandes dificultades para relacionarse con dos culturas tan diferentes. Uno de los métodos que utiliza el norteño para mantener los vínculos emocionales del contacto consiste en imitar los estilos y los pensamientos de los innovadores de las grandes capitales del mundo. Arquitectónicamente esto ha dado como resultado rasgos totalmente fuera de lugar, por ejemplo pérgolas, arcadas y quitasoles, además de fundamentales fallos de planificación en los que se nota que no se han elaborado las necesidades específicas de la situación dada. A medida que la búsqueda de materias primas, la instalación de estaciones de comunicación, campos aéreos y otras bases de defensa exigen que más personas trabajen y vivan en el norte, a los gobiernos y a las industrias les resulta difícil encontrar personal que permanezca el tiempo suficiente para arraigar y formar comunidades de carácter permanente y equilibrado, y para transmitir los conocimientos y la experiencia que adquieren. Aunque algunos hombres se esfuerzan durante algún tiempo en una atmósfera de buenos ingresos, rápidos progresos y considerable responsabilidad, disfrutando de las posibilidades de vida al aire libre que ofrece el Sub ártico, aunque los niños no evidencian grandes dificultades para aclimatarse, otros echan de menos el contacto con amigos y parientes, las oportunidades que ofrece una ciudad sureña con sus comercios y sus actividades recreativas y educativas. Las ventajas de la vida «fronteriza» son escasas para la mayoría de las mujeres, que a menudo se sienten solas. A semejanza de las «viudas del golf» sureñas, en el norte se convierten en «viudas del trabajo, de la caza o de la pesca». Tarde o temprano se quejan de las limitaciones y del aislamiento, arrastrando a sus maridos e hijos al sur o a un proceso de constante cambio de empleo. Erskine conoce muy bien las presiones psicológicas que supone vivir en semejante ambiente. En un artículo publicado en The Polar Record de 1968, para el Instituto Escocés de Investigación, Cambridge (Inglaterra), escribió:

¿Cuáles son entonces las características de este reino subártico que se extiende entre los desiertos polares y los fecundos campos y nutridas poblaciones de la zona templada? ¿Cómo conforma nuestras vidas, cómo debería moldear, con nuestra sensible ayuda, las ciudades y sus edificios? Por encima de todo es un mundo en el cual sólo con el advenimiento de nuestra civilización tecnológica, el hombre se liberó de una constante y prolongada batalla con las dificultades de un clima inhóspito y con la obtención de magros recursos de su estéril suelo. Un mundo sin una historia rica de cultura urbana y de técnicas precisamente adaptadas a sus demandas específicas. Se trata de un mundo de grandes contrastes, de la acometida anual desde la fría y oscura esterilidad del invierno, a través de una breve y explosiva primavera hasta unos pocos meses de vida lozanos bajo el sol nocturno, de los que se retrocede rápidamente a días de niebla, lluvia y escarcha hasta la nieve y el hielo del invierno. Estos son hechos de gran importancia para la gente que los experimenta y es posible cómo prepara sus defensas cuando la escarcha y la oscuridad otoñal cubre la tierra. En verano se zambullen en los lagos helados y pasean por las calles bajo el sol de mediano-che. En invierno se cierran los cuellos de piel y se dan prisa por llegar de una casa a otra; su ánimo decae a menos que estén encendidas las luces tanto dentro como fuera. Las casas y las ciudades deben abrirse como flores al sol del verano, pero también como flores deben volver la espalda a las sombras y a los fríos vientos septentrionales, proporcionando la calidez del sol y la protección contra el viento a sus terrazas, jardines y calles. Tendrían que ser totalmente distintos a los edificios con columnas, las ciudades con arcadas y las calles soleadas de los pueblos árabes y del sur de Europa, aunque muy similares en su función básica: ayudar a la gente a mantener su cuerpo en unos agradables 35′. Al estudiar las hermosas poblaciones del sur, ya sean viejas o nuevas, no deben interesarnos sus formas sino la inventiva y el arte con que resolvieron las dificultades peculiares a su situación y su momento, el confort y la belleza que crearon. Sólo por estos métodos puede surgir una tradición alaskense, canadiense, escandinava o del norte de Rusia, que sea personal y autóctona.

Naturalmente, las condiciones físicas de vida en climas fríos son rigurosas y es imprescindibles investigarlas. Algunas zonas son más aptas para ser habitadas, y en un momento en que se piensa en la vida en el espacio o en la Luna, no debe parecer tan inverosímil vivir en el Ártico o en el Polo Sur. El Círculo Polar Antártico es un continente rodeado por tempestuosos mares, de clima violento, preso entre los hielos. Las viviendas deben contar con toda la protección posible. Hasta hace pocos años sólo lo visitaban explorado-res y científicos, pero ahora llegan cruceros turísticos todos los años, existen recursos minerales a la espera de ser explotados y sin duda alguna se establecerá comunidades. En cambio, el Ártico es un océano rodeado de tierras con diversos climas; algunos son violentos y tormentosos y otros más tranquilos, con menos precipitaciones que muchas regiones desérticas. El terreno consiste principalmente en montañas desoladas o en tundras onduladas formadas en épocas glaciares, que actualmente suelen estar congeladas hasta 800 m y causar dificultades en caso de ventanas orientadas al Norte. Las cuestas y paredes de cara al Sur son una fuente de bienestar y una ventaja para la economía calórica; también proporcionan sombra de noche. La radiación solar también puede usarse como recurso energético.

Una Gramática Arquitectónica para Altas Latitudes.

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a)El frío:  El frio exige que los nuevos edificios tengan un espacio envolvente y una superficie mínima. Bajo envoltura común deben reunirse muchas funciones diferentes para economizar calor y realizar tareas comunitarias si es oportuno. En invierno debe haber rutas de circulación alternativas, abiertas y cubiertas.

b)El período más cálido: Su breve duración despierta un intenso deseo de experimentar la libertad estival y de participar en actividades veraniegas durante pocas semanas en que es posible.

c)La nieve:  Los problemas de acumulación necesitan de la formación aerodinámica de ciudades y edificios, de protecciones, de espacio para las maquinas, de la recogida y de zona de vertido, con controles de las nevadas y comprensión de la estética de la nieve

d)Terrenos helados: En latitudes bajas, el terreno tiene un clima más regular que el aire y se lo debe utilizar para contribuir a proteger edificios. En latitudes elevadas, la inestabilidad termal de la capa del gelisuelo puede significar que es mejor levantar los edificios por encima del terreno

e)La luz:  Los extremos de la luz estival y la oscuridad invernal provocan tensión psicológica. Es necesario, de noche, atenuar el constante sol de verano y excluir el frio en invierno mediante una ventana especial, como la que aparece en la ilustración. La iluminación exterior y el reflejo de la nieve reducen la continua oscuridad invernal. El ángulo bajo del sol influye en la forma de las ciudades y los edificios.

f)El viento: El movimiento del aire frío produce intensas incomodidades y la protección contra el viento se vuelve fundamental. En cambio el movimiento del aire estival controlado dispersa los mosquitos. En el diseño de edificios aerodinámicos (por ejemplo de bordes redondeados) puede utilizarse el viento para despejar la nieve y no permitir que se amontone en lugares inconvenientes, por ejemplo en caminos o entradas. La estética de la nieve debe formar parte de la experiencia norteña.

g)Drenaje del aire: En los climas muy fríos suele haber una relativa calma. El aire frío puede drenarse hasta zonas bajas y cavidades del terreno, o a poblaciones o edificios situados a bajo nivel, provocando grandes molestias. Debe evitarse el drenaje del aire frío, mediante el correcto emplazamiento y forma de los edificios sobre pendientes de cara al Sur y en solares donde el aire frío pueda drenarse hasta niveles aún más bajos.

 h)Calor/ radiación solar: El calor solar siempre es un elemento positivo en la escena ártica, excepto durante el sol nocturno de verano, momento en el que puede ser indeseablemente caluroso y causar dificultades en caso de ventanas orientadas al Norte. Las encuestas y paredes de cara al Sur son una fuente de bienestar y una ventaja para la economía calórica; también proporcionan sombra de noche. La radiación solar también puede usarse como recurso energético.

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i) La fauna. El desierto presenta durante todo el año la posibilidad de cazar, pescar y realizar actividades al aire libre. En verano es necesario controlar la plaga de insectos mediante tejidos de malla y el estímulo del movimiento adecuado del aire.

j) La vegetación. En invierno yacen esqueletos estériles en la nieve; en verano todo es verde y en otoño, rojo. Las limitaciones botánicas y la sensibilidad de la zona han sido erróneamente interpretadas y se han realizado intentos mal orientados para mejorar, proteger y ofrecer un tratamiento formal a los jardines exteriores e interiores.

k) El microclima. Como ya hemos señalado, los asentamientos deben emplazarse en las cuestas de cara al Sur para aprovechar los rayos solares de ángulo bajo de primavera y otoño, y evitar el drenaje de aire frío a valles y hondonadas. Pero también deberían orientarse de cara al Sudeste, para atrapar la radiación de las primeras horas de la mañana, que suaviza el frío aire nocturno, y aprovechar el sol del Sudoeste para las actividades vespertinas. No debe olvidarse que los norteños disfrutan del sol de media-noche.

Aunque el invierno ártico y sub ártico tienen muchas desventajas, el aire fresco de primavera, el sol brillante sobre la nieve y la aurora boreal son muy apreciados tanto por los norteños como por los sureños que gastan dinero en deportes invernales. En lugar de la ciudad de ciencia ficción bajo una cúpula, deberían crearse formas constructivas más sutiles, con caminos exteriores protegidos y abiertos al cielo, el sol y la caída de la nieve, combinados con un sistema de calles cubiertas, calefaccionadas, iluminadas por luz natural durante el mal tiempo, con un tercer sistema de circulación de rutas automovilísticas cubiertas, dentro de lo posible, para evitar la acumulación de la nieve, quizás a lo largo de sótanos o en el lado norte de las estructuras. Además de los edificios-muro protectores ya mencionados, pueden plantarse cinturones de árboles y arbustos como protección contra el viento y la nieve.

l) El aislamiento. Las condiciones extremas crean tensiones personales y sociales. Es fundamental la agrupación de viviendas, junto con la provisión de un alto nivel de equipamiento social y cultural. Las relaciones personales son sumamente importantes y con frecuencia difíciles. La comunidad debe ofrecer la posibilidad de contactos válidos y de protección de la integridad personal, aunque suele ser dificultosa en la vida introspectiva de las comunidades pequeñas y frías. Las diferencias raciales, culturales y de clase agravan los problemas. Deben atraerse hacia el norte personas de diversas capacidades, para evitar el énfasis unilateral en las profesiones prácticas, característica normal en esos parajes.

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En 1966, Erskine fue invitado a un concurso para la construcción de una nueva ciudad mediterránea, en Ashdod (Israel). Las simililudes entre construir en el Ártico y en climas secos y calurosos eran evidentes, lo que quedó reafirmado después que visitó África. La semejanza con los climas cálidos y húmedos también es importante aunque no tan obvia.

En el Ártico es importante captar el sol y evitar la brisa; en climas calurosos es importante evitar el sol y captar la brisa. El Polo Norte es un frío desierto blanco con acumulación de nieve; en los trópicos hay tórridos desiertos amarillos con acumulación de arena. En ambos climas, excepto cuando existen recursos especiales, las comunidades suelen ser pequeñas y aisladas, y las culturas tradicionales han sido nómadas. En los dos casos la cultura general se ha vuelto sumamente especializada y ha desarrollado técnicas de supervivencia directamente relacionadas con el impacto del clima extremo. Uno de los aspectos de la similitud entre las temperaturas cálidas y frías en la cuestión del equilibrio energético. Al diseñar para cualquiera de ambos climas, sean su edificios calefaccionados o refrigerados, lo que cuenta es la diferencia de temperaturas entre el exterior y el interior. Si en el interior hay 20°, no es muy importante que la temperatura exterior sea de 10° bajo cero o de 50° sobre cero. El factor que hay que considerar son los 30° de diferencia, aunque refrigerar un edificio suele ser más caro que calefaccionarlo.

El impacto de los problemas de edificación en clima frío cristalizó las ideas de Erskine acerca de la construcción en cualquier clima. Considerando atentamente los factores de temperatura, dirección de los vientos, cambios estacionales, condiciones climatológicas específicas y más corrientes, Ralph Erskine ha desarrollado una arquitectura adaptable, adecuada a situaciones diversas. Su arquitectura es la antítesis de la especie común al siglo XX, en que se levantan los mismos edificios en el mundo entero y se mantienen a raya los diferentes climas mediante costosas máquinas consumidoras de energía.

*Para finalizar se adjuntan las láminas de la presentació

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